Comentario al Evangelio desde fuera del armario. Domingo V del tiempo ordinario. Mc. 1,29-30.

El relato de hoy es aparentemente poco llamativo. Nos cuenta cómo transcurrió aquel día, después del suceso anterior en la sinagoga por la mañana: fue a casa de Simón y Andrés, y allí curó a la suegra de Simón, y tras ella a muchas más personas que fueron llevándole. Después se retiró a orar, y más tarde hizo planes para el día siguiente. 
Sin embargo en este texto se resume buena parte de la actitud vital de Jesús: para empezar vuelve a dejar la ley y la tradición a un lado y no le importa curar en sábado, porque antes está el bien de la gente que el cumplimiento de las normas. No dice Marcos si predicó, pero es fácil imaginar que sí, su forma de hacer, de hablar con autoridad y su estilo transgresor seguramente abrieron los corazones de cuantos estuvieran con él ese día. 
Y, por último, se retiró a orar.

Cuando hace años algunas personas homosexuales comenzamos a reunirnos, ansiábamos ser curados del miedo, del rencor, del dolor, de tanta condescendencia con que en los templos de la época se nos iba tratando con autoridad preñada de amenazas. Teníamos algo claro: debíamos descubrir al verdadero Jesús antes de perder definitivamente el norte y matar de fiebre nuestra débil fe. Tuvimos la misma suerte que aquel hombre de la sinagoga, que la suegra de Simón y que tantas otras personas que fueron tocadas por Jesús, pero no por estar sino por querer. Esa es nuestra fe. Y como la suegra de Simón, enseguida descubrimos que teníamos que ponernos a servir. Sin pérdida de tiempo.

Y, por supuesto, la oración. No hay acción sin oración detrás. Es imposible hacer por hacer. La fe no se sostiene haciendo cosas, sino sustentada por una espiritualidad que aporte energía, ánimo, voluntad, confianza, alegría de saberse en manos de Dios. 
Jesús basaba todo su hacer en la oración. Una oración que no se quedaba ahí, sino que le llamaba a actuar y a dar sentido a todo.

Las cristianas y cristianos LGBT tenemos mucho que decir, que anunciar; mucho que hacer, mucho que transformar, que curar. Pero ni una sola de nuestras palabras ni de nuestros actos serán realmente creíbles si no surgen de la oración, del encuentro tranquilo y confiado con papá Dios, el Abbá de Jesús.

Antonio C. 
De la Comunidad Ichthys.


 

“Dios me quiso así”

El índice de suicidio en personas LGBTI es elevado. Si además te detienes en la letra T y la estudias, observarás que ese dato supera con creces cualquier estadística. Detrás de esos números y porcentajes hay personas como tú y como yo, con familias, amigxs, trabajo en los mejores casos (porque este colectivo sufre así mismo un alto índice de discriminación laboral)...
Hijxs de Dios, que decidieron en un momento determinado que este mundo no era para ellxs porque no encajaban en esta sociedad. 
Por todxs esxs hermanxs que sufren por ser diferentes, solo decirles que Dios nos quiso y nos quiere así, diferentes y además valientes.

Lucas Alcázar. 
De la Comunidad Ichthys. Cristian@s LGBTH de Sevilla. 

 

 

 

 

"Me aparté de la Iglesia durante 10 años"

Yo  sufri homofobia y fui acosado en mi parroquia. Ello me llevo a apartarme de la iglesia durante 10 años hasta que desorientado conoci a Ichthys que me dio acogida, cariño y comprension.

Independientemente de la homofobia yo me sentia amado y bendecido por Dios. Pase de la cruz a la resurecion, del sufrimiento a la paz.

Somos creados y queridos por Dios. El nos acoge. Consegui la paz interior al superar el sufrimiento que me hara crecer. La tristeza se convertira en gozo y el invierno en primavera. Seamos sal y luz del mundo. Yo he integrado ser cristiano con mi condicion de no hetetosexual.

Yo me siento resucitado como Cristo despues del calvario de mi cruz. Seamos sal y luz del mundo sin ocultarnos. Con visibilidad.

El proyecto de Ichthys es la libertad. Contar con la familia sin miedo ni prejuicios sobre nuestra orientacion sexual al ser hijos queridos y creados por Dios.

 

Gerardo. 
De la Comunidad Ichthys. Cristian@s LGBTH de Sevilla.